Leah no podía dejar de arrugar y volver a
alisar el papel que tenía entre las manos. En él tenía apuntado el poema que
iba a recitar delante de su antiguo instituto; pero aquel papel era
innecesario, pues se sabía el poema de memoria. Aun así, no podía evitar estar
nerviosa porque no se le daba bien hablar delante de mucha gente: las manos le
sudaban, le temblaba la voz, incluso temía por quedarse en blanco. Había estado
esperando en el patio, viendo cómo la gente iba y venía desde los campos de
baloncesto hacia el escenario que habían montado para la verbena. Al parecer,
un grupo de exalumnos iba a tocar después de su recital, y aunque a ella no le
hacía especial ilusión quedarse allí, Jace le había pedido que se quedara con
él a escucharles. Una voz conocida le hizo salir de sus pensamientos,
levantando la mirada para reconocer a su amiga Jazminda.
– ¿Estás nerviosa? –saludó ésta, colocando
su mano de forma cariñosa en el hombro de Leah mientras se sentaba a su lado.
Jazz había sido su mejor amiga desde que tenían siete años, sabía perfectamente
que estaba atacada de los nervios y sabía que podía animarla un poco.– Lo harás
genial. Lo sabes, ¿verdad? –le dedicó una de sus deslumbrantes y contagiosas
sonrisas, haciendo que Leah curvara un poco los labios, más segura de sí misma.
– Ya sabes que no soy muy buena en
público, pero lo haré lo mejor que pueda –respondió Leah con una voz apenas audible.
– No sabía que ibas a venir, por cierto. –Murmuró mirando de nuevo hacia el
barullo de gente que empezaba a agruparse en torno al escenario–.
– ¿Y perderme tu preciosa poesía? –Jazz
soltó una risa nasal y acercó su rostro al de su amiga. – Después de que
triunfes en el escenario, toca un grupo en vivo. Se llaman Vlinder y tienen un
violinista, eso es todo lo que sé. –juntó sus manos con las de Leah y la miró
con fascinación.– ¡Tenemos que quedarnos a bailar! –dijo con un tono entre
suplicante y emocionado.
Leah se disponía a rechistar, pues aunque
a Jazminda le encantara bailar (y lo hacía de forma espectacular), ella era
totalmente arrítmica y sufría la inquisitiva mirada de la gente de alrededor
cuando intentaba imitar los movimientos de su amiga; pero fue interrumpida por
una voz que venía desde atrás.
– ¡Leah! ¡Mi maravillosa Erato! –saludó
Kou, colocando sus enormes manos sobre los hombros de Leah, quien dio un
pequeño brinco a causa de la sorpresa. Hacía tiempo que la llamaba como a la
musa de la poesía lírica y amorosa, y aquel detalle ponía de los nervios a
Leah, que se sonrojó cuando notó un pequeño apretón sobre sus hombros antes de
que Kou se colocara delante de ella, la mirara detenidamente y después juntara
su rostro a apenas unos centímetros del suyo. Leah notó como sus mejillas
ardían mientras su ex profesor le miraba con admiración – Estás deslumbrante, y
vas a hacerlo genial. –Desvió la mirada hacia Jazz, mirándola con complicidad–
¿No crees, Jazminda? –Mientras ésta asentía, Kou acarició la cara de Leah con
delicadeza y la dedicó una última mirada cargada de calidez y apoyo. – Te veo
en el escenario en diez minutos, Erato. –dijo antes de darse media vuelta y
perderse entre la multitud.
– Vas a parecer una bombilla como subas
así al escenario –bromeó Jazz con un tono malicioso, viendo cómo su amiga se
sobresaltaba por el comentario y se sonrojaba más– Si no quieres decir lo que
sientes, al menos sé un poco más discreta, Leah. –Aquel consejo se lo había
repetido mil veces, cuando Leah por fin había aceptado que sentía algo más que
admiración por su ex profesor de literatura, que siempre la trataba como una
musa. Pero a Leah le costó asimilar aquellos sentimientos, y conociéndola, Jazz
sabía que la posibilidad de que se sincerara con él era muy remota.– Buscaré a
Jace entre el público para estar con él cuando termines. –Jazz se levantó y
empezó a mirar a lo lejos, para reconocer la figura alta y esbelta de Jace
entre las primeras filas. Antes de dirigirse hacia él, miró de nuevo a su amiga,
que miraba al suelo y arrugaba el papel entre sus manos con fuerza.– ¿Estás
bien? –al ver que Leah asentía despacio soltó un suspiro y se acuclilló para
ponerse a su altura.– Demuéstrale a todo el mundo lo que vales. Yo estaré ahí
apoyándote con Jace y Kou. –los ojos oscuros de Jazminda brillaron,
transmitiendo fuerza a su amiga, que asintió de nuevo, esta vez con una sonrisa
tímida.
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