– ¿Leah? –varios golpes repicaron sobre la
puerta, haciendo que ella se levantara de un salto, con la mala suerte de caer
directa sobre la alfombra del suelo. – ¡Leah! –gritó ahora su hermano, abriendo
la puerta para descubrirla aún en el suelo, tocándose la cabeza ahí donde se
había golpeado con la caída.
– Jace... –murmuró ella somnolienta,
mirándole con los ojos entrecerrados, claramente molesta.– ¿Qué es lo que
quieres? –juntó los labios en un gesto serio mientras se levantaba.
– No hace falta que me mires con tanto
odio –musitó Jace con garbo– ¿No has visto qué hora es? Vas a llegar tarde a la
verbena.
– Pero si son las… –empezó a decir ella
mientras se giraba para mirar el reloj de la mesita. ¡Las siete y media! Antes
de que pudiera reprocharle, Jace cerró la puerta y bajó las escaleras de forma
ruidosa.– ¡El recital! –dijo con voz ahogada mientras corría al armario.
– Yo voy saliendo, ¡nos vemos después!
–escuchó decir a Jace justo antes de que oír como la puerta de su casa se
cerraba.
Leah cogió el vestido que había colgado
sobre la puerta de su armario y se cambió lo más rápido que pudo. Se arregló el
pelo con un moño sencillo mientras maldecía el momento en el que había decidido
pasar la noche escribiendo en lugar de descansar para el recital. Llevaba todo
el día durmiendo y su aspecto no era ni de lejos el que había imaginado para la
verbena, pero al menos su padre no estaba en casa para entretenerla con
preguntas incómodas sobre aquella apariencia tan formal que llevaba. No estaba
acostumbrada a arreglarse tanto, ni tampoco a dar explicaciones a su padre.
“Menudas pintas…”, pensó para sí al mirarse en el espejo de la entrada de su
casa, justo antes de salir.
Llevaba un vestido granate que su hermano
le había regalado por su cumpleaños. Hacía ya tiempo de eso, y aún no lo había
estrenado. El mismo Jace le había sugerido que lo llevara puesto en el recital
de poesía de la verbena del instituto. ¡Qué estupidez! Leah no le encontraba
tanta importancia a aquel recital, pero sabía que era especial para Kou, su
antiguo profesor de literatura y mentor, quien le había suplicado que recitara
alguno de sus poemas en las fiestas del que fue su instituto durante dos años.
Y si Kou se lo pidió, ella no pudo negarse.
La mochila se enganchó con la puerta del
vagón al que Leah había subido para llegar a tiempo al instituto.
– Tu mochila –empezó a decir la muchacha
que había subido antes que ella.– Está enganchada. –Musitó con desgana la chica
mientras señalaba la cuerda atrapada entre las dos puertas.
Leah no se percató de que se estaban
dirigiendo a ella hasta que el acompañante de la chica tiró de la cuerda de la
mochila, haciendo que Leah se tambaleara hacia delante y empujara a la otra.
– ¡Cuidado! –se quejó ésta, claramente
molesta, mientras miraba de arriba abajo a Leah. Fue a protestar de nuevo, pero
vio que la torpe chica aún estaba sorprendida por el traspié justo cuando su
acompañante se dirigía a ella.
– Ella, no seas tan brusca, la pobre chica
estaba enganchada con las puertas –comenzó a decir.
– Lo sé, pero… –continuó Ella.
– Perdona –interrumpió Leah con un hilo de
voz. No levantó la mirada para ver a quien se dirigía, por lo que ni siquiera
se fijó en que ambos, algo mayores que ella, llevaban fundas de guitarra sobre
la espalda. Estaba más preocupada por comprobar que el vestido no había sufrido
daño alguno con las puertas. Suspiró aliviada cuando vio que aparentemente todo
estaba en su sitio.
– Tsk –respondió Ella, girándose sobre sí
misma para tomar un asiento libre del tren.
– Ella… –le siguió su acompañante–.
– Deja de regañarme, Max –se quejó ésta,
cruzándose de brazos–.
– Sólo opino que estás un poco nerviosa
porque vamos a tocar por primera vez en público –contestó él mientras veía como
la muchacha del vestido se alejaba de ellos hacia otro asiento libre. – Por eso
hoy eres un poco más…
– No soy borde, Max –terminó ella antes de
colocarse los auriculares en las orejas y ponerse la música a todo volumen para
no oír el suspiro que salió de la boca de Max.
Intentó cerrar los ojos y relajarse, pero
no pudo dejar de mirar a la chica del vestido durante todo el viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario