miércoles, 10 de junio de 2015
domingo, 7 de junio de 2015
V.
Daniel fue el último que se metió en el
backstage al terminar el concierto. Quiso disfrutar de su momento de gloria,
por lo que se quedó un par de minutos saludando al público, que no dejaba de
aplaudir y gritar entusiasmado. Por muy bien que sonara el grupo sin él, el
encanto de Vlinder estaba escondido en su violín, y él era consciente de que
eso atraía tanto a los aficionados como a las chicas. Cuando entró en el
pequeño espacio cubierto por cortinas que habían habilitado detrás del
escenario, vio cómo sus compañeros del grupo rodeaban a Sean y le atosigaban a
preguntas.
– ¿Qué demonios ha sido eso, Sean?
–Inquirió Mikael, el bajista– Parecías un mono aporreando unos tambores. –Paró
para dar un trago a una botella de agua, pero en cuanto hubo terminado, siguió
con su regañina.– Te has equivocado varias veces y nos has hecho equivocarnos a
los demás. –Sean agachaba la cabeza mirando sin expresión alguna un trozo de
papel que sujetaba entre sus manos.
– Vamos, vamos, Mikael, no seas tan duro
con él. –Intervino Caroline, la cantante– Es posible que no se encuentre bien
–miró preocupada a Sean.– ¿Ocurre algo? –sujetó con delicadeza el brazo de su
compañero, quien apretó los labios y cerró los ojos justo cuando Ella
intervino.
– No hace falta que le defiendas como
siempre, Care. –dijo con tono cansado– Es obvio que le pasa algo, pero tiene
que aprender a controlarse en los directos –añadió mirando a Sean con los ojos
brillantes–.
– Tampoco ha estado tan mal –interrumpió
Daniel.– Ahí afuera están gritando “Vlinder” y nos adoran –sonrió orgulloso,
pero cambió el gesto al ver tan desanimado a Sean, y se acercó a él.– ¿Se puede
saber qué te pasa?
– Es por la chica del poema –aventuró
Ella.– He visto tu cara al ver cómo ella se marchaba llorando. Parecías Obi-Wan
diciendo a Anakin que era el elegido. –Sean levantó la mirada para ver la
sonrisa maliciosa de Ella justo antes de que Daniel saltara entre ambos y le
sujetara de los hombros.–
– ¡¿Es ella?! –gritó– ¡La chica de la
línea ocho!
sábado, 6 de junio de 2015
IV.
Leah fijó toda su concentración en no
caerse mientras subía las escaleras hacia el escenario, con todo el público
observándola entre aplausos tras la presentación de Kou. Notó como todo su
cuerpo temblaba con cada paso, pero se dejó llevar, sujetando el trozo de papel
como si fuera un amuleto que la guiaba. Cuando llegó al centro del escenario,
su mirada se cruzó con la de Kou, que le guiñó un ojo de forma cómplice y le
pasó el micrófono antes de bajar con el resto de asistentes. Un escalofrío
recorrió su espalda, dejándola paralizada unos segundos antes de escuchar la
voz Jace animándola desde el público. Al levantar la mirada, pudo ver a su
hermano acompañado por sus amigos y por Jazz, que levantó el pulgar de su mano
en señal de ánimo. Leah tomó aire y abrió el papel, recitando con la voz
temblorosa:
¿Si yo soy tu sueño
por qué me siento sola
cuando me sueñas?
Llego arrastrándome
a tu boca cuando duermes
y no sé cómo empezar
a contarte una historia
que se parezca a ti
para que nunca sepas
que yo vivo contigo.
Los sueños somos
como las sombras,
pertenecemos a un solo cuerpo
pero queremos ser
otra persona...*
Sean se asomó por la cortina de detrás del
escenario en cuanto escuchó su nombre. ¿Leah, su Leah, iba a recitar un poema?
La vio de espaldas a él con un precioso vestido granate y el pelo recogido
sobre la nuca. Aunque no podía verla de frente, parecía una muñeca frágil,
hermosa y deslumbrante. Sus pies se movieron solos, como si inconscientemente
quisiera contemplarla desde más cerca. Aquel poema era música para sus oídos y
ella estaba tan maravillosa… Aunque la voz de Leah temblaba, las palabras del
poema llegaban desde su corazón y le embriagaban a acercarse más. Dio unos
cuantos pasos hasta que notó un tirón en las piernas y un estruendo le sacó de
sus pensamientos justo a tiempo para ver cómo uno de los focos caía a pocos
centímetros de Leah, que dio un traspié a causa del susto y cayó al suelo. Un
par de gritos ahogados entre el público hicieron reaccionar a Sean, que intentó
avanzar de nuevo para acercarse a la chica y comprobar que estaba bien, pero
sus pies estaban enredados con el cable del foco que había caído. “¡Torpe!
¿Pero qué has hecho?”, se dijo a sí mismo intentando no caer. Pudo escuchar
algunos murmullos que se empezaban hacerse eco por el público, seguidos de
risas. Casi le daba vergüenza mirar, pero tenía que comprobar que Leah estaba
bien… La gente había empezado a regocijarse de la situación y antes de poder
acercarse a ella, pudo ver cómo Leah, tirada en el suelo, agachaba la cabeza y
apretaba los puños. Aunque la bombilla del foco estaba rota a causa de la
caída, Sean pudo ver las lágrimas que recorrían las mejillas de Leah y caían al
suelo. El jaleo entre los asistentes se hizo más considerable, pero para cuando
Kou y Jace subieron al escenario para ayudarla, Leah ya se había secado las
lágrimas y se levantaba por su propio pie, tirando al suelo el arrugado papel
que guardaba su poema. Hizo caso omiso a su hermano y a su mentor, bajó
rápidamente las escaleras del escenario sin mirar absolutamente a nadie y fue
directa hacia uno de los patios con menos gente.
Ella contempló cómo la chica del vestido
se abría paso entre el público con la cabeza agachada, pero no lo suficiente
como para ocultar sus lágrimas. Había ido a por el último micrófono que les
faltaba para el concierto y llegó justo a tiempo para escuchar el recital y ver
cómo Sean se enredaba con los cables del foco del escenario que casi aplasta a
la muchacha que recitaba nerviosamente sus versos. La había reconocido desde
que había subido al escenario, y aunque mientras escuchaba el poema no pudo
evitar fruncir el ceño recordando el incidente del tren, ahora la miraba con
lástima. “Te has lucido, Sean”, pensó para sí mientras avanzaba entre la gente
que todavía se reía del incidente.
* Poema original de Ana Merino - http://amediavoz.com/merino.htm
* Poema original de Ana Merino - http://amediavoz.com/merino.htm
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