sábado, 6 de junio de 2015

IV.

Leah fijó toda su concentración en no caerse mientras subía las escaleras hacia el escenario, con todo el público observándola entre aplausos tras la presentación de Kou. Notó como todo su cuerpo temblaba con cada paso, pero se dejó llevar, sujetando el trozo de papel como si fuera un amuleto que la guiaba. Cuando llegó al centro del escenario, su mirada se cruzó con la de Kou, que le guiñó un ojo de forma cómplice y le pasó el micrófono antes de bajar con el resto de asistentes. Un escalofrío recorrió su espalda, dejándola paralizada unos segundos antes de escuchar la voz Jace animándola desde el público. Al levantar la mirada, pudo ver a su hermano acompañado por sus amigos y por Jazz, que levantó el pulgar de su mano en señal de ánimo. Leah tomó aire y abrió el papel, recitando con la voz temblorosa:


¿Si yo soy tu sueño

por qué me siento sola
cuando me sueñas?

Llego arrastrándome

a tu boca cuando duermes
y no sé cómo empezar
a contarte una historia
que se parezca a ti
para que nunca sepas
que yo vivo contigo.

Los sueños somos

como las sombras,
pertenecemos a un solo cuerpo
pero queremos ser
otra persona...*


Sean se asomó por la cortina de detrás del escenario en cuanto escuchó su nombre. ¿Leah, su Leah, iba a recitar un poema? La vio de espaldas a él con un precioso vestido granate y el pelo recogido sobre la nuca. Aunque no podía verla de frente, parecía una muñeca frágil, hermosa y deslumbrante. Sus pies se movieron solos, como si inconscientemente quisiera contemplarla desde más cerca. Aquel poema era música para sus oídos y ella estaba tan maravillosa… Aunque la voz de Leah temblaba, las palabras del poema llegaban desde su corazón y le embriagaban a acercarse más. Dio unos cuantos pasos hasta que notó un tirón en las piernas y un estruendo le sacó de sus pensamientos justo a tiempo para ver cómo uno de los focos caía a pocos centímetros de Leah, que dio un traspié a causa del susto y cayó al suelo. Un par de gritos ahogados entre el público hicieron reaccionar a Sean, que intentó avanzar de nuevo para acercarse a la chica y comprobar que estaba bien, pero sus pies estaban enredados con el cable del foco que había caído. “¡Torpe! ¿Pero qué has hecho?”, se dijo a sí mismo intentando no caer. Pudo escuchar algunos murmullos que se empezaban hacerse eco por el público, seguidos de risas. Casi le daba vergüenza mirar, pero tenía que comprobar que Leah estaba bien… La gente había empezado a regocijarse de la situación y antes de poder acercarse a ella, pudo ver cómo Leah, tirada en el suelo, agachaba la cabeza y apretaba los puños. Aunque la bombilla del foco estaba rota a causa de la caída, Sean pudo ver las lágrimas que recorrían las mejillas de Leah y caían al suelo. El jaleo entre los asistentes se hizo más considerable, pero para cuando Kou y Jace subieron al escenario para ayudarla, Leah ya se había secado las lágrimas y se levantaba por su propio pie, tirando al suelo el arrugado papel que guardaba su poema. Hizo caso omiso a su hermano y a su mentor, bajó rápidamente las escaleras del escenario sin mirar absolutamente a nadie y fue directa hacia uno de los patios con menos gente.





Ella contempló cómo la chica del vestido se abría paso entre el público con la cabeza agachada, pero no lo suficiente como para ocultar sus lágrimas. Había ido a por el último micrófono que les faltaba para el concierto y llegó justo a tiempo para escuchar el recital y ver cómo Sean se enredaba con los cables del foco del escenario que casi aplasta a la muchacha que recitaba nerviosamente sus versos. La había reconocido desde que había subido al escenario, y aunque mientras escuchaba el poema no pudo evitar fruncir el ceño recordando el incidente del tren, ahora la miraba con lástima. “Te has lucido, Sean”, pensó para sí mientras avanzaba entre la gente que todavía se reía del incidente.




* Poema original de Ana Merino - http://amediavoz.com/merino.htm 

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