Sean mordisqueaba el bolígrafo con el ceño
fruncido, intentando concentrarse en vano.
–
Tío, no has escrito más de dos líneas –interrumpió Daniel mientras se asomaba a
la mesa de su compañero y le miraba con una ceja levantada.– ¿Ocurre algo? Llevas
toda la tarde como en otra galaxia. –Comentó cruzándose de brazos, dispuesto a
escuchar a su amigo.
Sean arqueó las cejas y se sacó el
bolígrafo de la boca, un poco confuso. Después suspiró y se llevó las manos a
la cabeza para revolverse un poco su melena oscura.
– Verás, es esa chica… –comenzó a decir–
No dejo de pensar en ella. –Mientras Daniel resoplaba, alzó el bolígrafo. –
Mira, hoy se dejó esto en el andén y… –iba a añadir algo, pero se detuvo al ver
cómo su compañero le miraba con expresión interrogante.
– ¿Me estás diciendo que estás
mordisqueando el bolígrafo de la tía con la que estás obsesionado? Puaj, eso es…
– ¡No
estoy obsesionado! –protestó Sean–.
– Llevas dos años observándola –hizo un
gesto de comillas con los dedos– Y nunca has sido capaz de decirle nada.
Y cuando la ves, te tiras en las nubes horas y horas… Además, ¿quién se supone que es?
Ni siquiera la he visto. –le miró con los ojos
entrecerrados, intentando adivinar lo que pasaba su cabeza. Realmente pensaba
que Sean estaba un poco loco por no intentar nada con aquella misteriosa chica.
¿Qué problema había?
– Ya te he dicho mil veces que no es tan
fácil… –Murmuró Sean mientras cerraba los ojos con fuerza y se masajeaba las
sienes. – No puedo hablarle así como así.
Daniel chascó la lengua y se acercó más a
su amigo, curvando sus labios en una maliciosa sonrisa.
– Apuesto a que ni siquiera sabes cómo se
llama. –Bromeó antes de levantarse y recoger sus cosas. Mientras se acercaba a
la puerta, alzó la voz. – ¡Más te vale haber escrito un buen puente para la
canción para el viernes, o Ella te matará! –Dijo antes de desaparecer.
Sean suspiró y dejó caer su cabeza sobre
el borde del respaldo de la silla. Miró al techo, pero no veía la pintura
desconchada de su apartamento, ni la lámpara que colgaba encima de la mesa, ni
la luz que entraba por la ventana…
– Leah… –Murmuró antes de cerrar los ojos.
–
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