sábado, 2 de mayo de 2015

Prólogo




Mientras Leah esperaba al tren, sacó su agenda y su bolígrafo y comenzó a escribir. No llevaba más de seis líneas cuando, tras un largo suspiro, tachó lo escrito y arrugó la página del pequeño cuaderno. Se rascó la cabeza con gesto ausente y volvió la atención a la escritura, pero de nuevo no se sintió satisfecha con su trabajo, por lo que cerró la agenda con impaciencia y la guardó en su mochila de tela justo cuando el tren entraba en el andén donde ella esperaba. Con otro suspiro, se levantó de su asiento y se subió al tren sin percatarse de que había olvidado su bolígrafo en el banco donde había estado sentada.


Sean apenas tuvo tiempo de reaccionar, pues contemplaba a la muchacha desde unos metros atrás, observando de forma embelesada cómo ella movía nerviosamente el bolígrafo por el papel. Nunca había visto sus ojos de forma directa; en aquel momento se contentaba con mirar el fascinante cabello ondulado que caía por la espalda de la chica. Como tantas otras veces, se había quedado mirándola tan fascinado y absorto, que no tuvo tiempo de reaccionar y avisarle de que había olvidado el bolígrafo sobre el banco. Pero sí que tuvo tiempo para contemplar una última vez a la chica desde el andén. El tren comenzó a moverse justo cuando Leah, sentada dentro, alzaba la mirada para cruzarla con la de Sean, que, todavía en el andén, sujetaba el bolígrafo con fuerza.